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Lara Bertolini | «El colectivo LGBTIQ tiene que tener una reparación y un pedido de perdón por parte del Estado»

Con la llegada de la ultraderecha al poder en Argentina, cada vez se torna más necesario hablar de las urgencias. No se trata de problemáticas que antes no existían, pero sí de un contexto que recrudece las realidades de distintos sectores de la sociedad. En nuestro país, las personas travesti-trans tienen un promedio de vida de 35 a 40 años (frente a los 77 del resto de la población), según los datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Fundación Huésped, entre otras organizaciones. 

Lara Bertolini es escritora, investigadora, activista por los Derechos Humanos y por los derechos del colectivo LGBTIQ+, y trabajadora del Ministerio Público Fiscal. Además, escribió el libro Soberanía Travesti, una identidad argentina. Afirma que la expectativa de vida es algo que no se puede disociar de una estructura social que es hostil, y cuyo contexto ha empeorado con los discursos y las políticas ultraderechistas.

«Con la llegada de la ultraderecha, ahora la herramienta del Estado no son las fuerzas de seguridad, es la sociedad», dice. En esta perspectiva, aclara que hay una necesidad muy fuerte de hacer un llamado para que el colectivo de diversidades sexuales escriba su propio relato, para poder hacer frente a esos discursos de estigmatización que criminalizan, que patologizan y que van en contra de la idea de existencia pública de todo aquello que no forma parte de la heteronormatividad. «Se persigue por el hecho de ser y de existir, no hay un delito cometido», dice.

Más allá de esta estructura social, Lara asegura que se produjo un quiebre en el 2012, producto de la sanción de la Ley de Identidad de Género (Ley 26.743). «Cambió la situación de perseguirnos», afirma. Esta Ley fue acompañada luego por el Código Civil y Comercial, ya que más allá de la posibilidad de modificar el nombre, el sexo y la imagen en el DNI, los Códigos complementaron este derecho, protegiendo la identidad personal y filiatoria. La escritora advierte estos cambios y lo grafica desde anécdotas o actos en la calle que podían llegar a ser impensados años atrás. 

Sin embargo, algo importante a tener en cuenta es que, en el plano administrativo del Estado, no se abrió el campo identitario. Es decir, no se terminó con el binarismo. Solamente existía la posibilidad de modificar de varón a mujer, y viceversa. Recién el 21 de julio de 2021 se incorporó la posibilidad de poner una «X» en el DNI, por la sanción del Decreto 476. Por esto, Bertolini habla de la importancia de la identidad humana, pero no desde la autopercepción, sino desde la autodeterminación colectiva, es decir, de establecer una autodeterminación identitaria que vaya más allá de la percepción individual.

En este punto hay una clave, porque el Estado nunca reconoció esa autodeterminación, más bien todo lo contrario, intentó exterminar esas identidades, las cuales son anteriores a la existencia misma de ese Estado. Por eso, Lara hace un paralelismo, por ejemplo, con los pueblos originarios, y asegura que el colectivo LGBTIQ+ tiene que tener una reparación y un pedido de perdón por parte del Estado.

Otro de los puntos de inflexión fue el del Cupo Laboral Trans. Se trata de la Ley Nacional 27.636 «Diana Sacayán – Lohana Berkins», sancionada el 24 de junio de 2021. Esta Ley establece que el Sector Público Nacional debe reservar al menos el 1 por ciento de sus cargos para personas travestis, transexuales y transgénero.

Bertolini dice que, al día de hoy, no existe una aplicación real y que no se llegó a cumplir ni el 10 por ciento del 1 por ciento que está legislado. Pero, además, hace una aclaración importante que tiene que ver con una cuestión estructural y social sobre la forma de acercamiento que se tiene en los lugares de trabajo hacia las personas travesti-trans. Hay una forma machista en esas relaciones laborales, lo que permite que ocurran cosas aberrantes en los ámbitos de trabajo. Esto, sumado a que muchas veces esas relaciones son de monotributo, hace que haya muy poca estabilidad laboral, más allá del cupo establecido por ley.

Esa lógica que se reproduce en el ambiente laboral también existe en la calle. Las personas trans que están en la prostitución son criminalizadas y maltratadas por las fuerzas de seguridad. En ese sentido, hay una similitud con los avances reaccionarios que se aprobaron con las modificaciones en la Ley Penal Juvenil, específicamente, con la baja en la edad de punibilidad. «Te cachetean en la cara», afirma Lara en relación al trato que recibe el colectivo LGBTIQ+ en las calles, por parte de la policía y, en ocasiones, de la sociedad en general. De la mano de esto, denuncia la «tibieza» de algunos colectivos para denunciar estas atrocidades.

Lara Bertolini afirma que la frase «unificar las luchas», no puede ser una declaración vacía. ¿Qué significa unificar las luchas? Significa que los derechos de las diversidades de género deben ir a la par de todos los sectores en pie. Muchas veces, esa «unificación» no se da de esa forma, sino que es una manera de darle un tinte diverso a las luchas sin tener en cuenta las necesidades propias del colectivo travesti-trans. Mientras hay sectores que son «disidentes con el poder», dice Lara, «nosotras somos disentidas del poder».

Para cerrar, llega una pregunta de un futuro lejano, o, tal vez, cercano. «¿Qué te llevarías a un apocalipsis?», le preguntan a Lara. Entonces, corresponde que esta nota la cierre ella: «Me llevaría mi lucha, nuestra lucha». «La historia nos recordará», concluye.

Producción: Buen día, fin del mundo (lunes a viernes de 9 a 12)

Foto: La Tribu